J. Rodríguez Gómez, A. Díaz-Otero Medina, R. Sever Bermejo, J.I. Cruz Madorrán.
Unidad de Cirugía, Facultad de Veterinaria de Zaragoza. Policlínica Veterinaria Rover.
Presentación del caso
Acude a la consulta un perro, de raza Braco alemán, macho de 4 años de edad.
Presentaba una sintomatología poco específica, relacionada con la cavidad oronasal desde hacía aproximadamente 4 días.
El animal tenía dificultad para la ingestión de alimentos sólidos, mientras que la comida húmeda la ingería sin excesivos problemas.
Presentaba mocos densos de color amarillo verdoso.
El perro vive en una perrera a las afueras de la ciudad. Le dan de comer, un vez al día, pienso seco y restos de comida casera.
Es imposible que haya comido ninguna sustancia extraña, ni que haya aspirado por la nariz alguna espiguilla porque hace varias semanas que no sale al campo.
Exploración clínica
Temperatura 38,5ºC.
Grado de hidratación normal, al igual que el color de las mucosas y el tiempo de rellenado capilar.
Los ganglios linfáticos retromandibulares se encuentran infartados. El resto de los ganglios están normales.
Al abrirle la boca el animal no ofrece resistencia. A simple vista no se observa ningún cuerpo extraño, ni se palpa nada al introducirle dos dedos en la cavidad orofaríngea. Este tipo de exploración se hizo con el animal despierto.
Se observa descarga por la fosa nasal izquierda, que es de carácter infeccioso.

Fig. 1. Radiografía ventrodorsal del paciente.

Fig. 2. Radiografía lateral del cráneo.
Pruebas diagnósticas complementarias
Debido al carácter localizado de los signos clínicos, se optó como primera prueba diagnóstica la realización de radiografías de la cabeza, con el fin de observar las fosas nasales y la cavidad bucal (Figs. 1 y 2).
Observando estas radiografías con detenimiento ya se puede establecer el diagnóstico de este caso.
Si todavía no lo ha podido detectar, siga observando. A nosotros nos llevó bastante tiempo.
Si se da por vencido, en la siguiente imagen (Fig. 3), se aporta la solución del enigma.
Diagnóstico
Efectivamente se trataba de un fragmento óseo, en concreto un hueso de pollo.
La siguiente fase fue dormir al animal para determinar la localización del cuerpo extraño.
La endoscopia de la cavidad oral demostró el punto de entrada, que se encontraba en el techo de la misma (Fig. 4), a la altura del velo del paladar.
Tratamiento
A través de esta herida y con maniobras de tracción retrograda se pudo extraer el fragmento óseo (Fig. 5).
El tratamiento postoperatorio se basó en antibioterapia de amplio espectro vía sistémica durante 10 días, alimentación blanda durante 5 días, y tratamiento antibiótico tópico en las fosas nasales.

Fig. 3. En esta imagen queda indicado (con una flecha) el agente etiológico.

Fig. 4. Herida en el velo del paladar. Punto de entrada del hueso, que se encontraba alojado en la cavidad nasal caudal.

Fig. 5. Postoperatorio inmediato, obsérvese el tamaño del hueso extraído.
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